En nombre del rey
Robinia es un árbol que ha viajado mucho. Jean Robin, el jardinero de la corte real francesa, lo trajo a París en los años treinta del siglo XVII. En la actualidad todavía dos ejemplares sembrados por el mismo Robin se encuentran en el Jardín de Plantas situado a poca distancia de la catedral Notre Dame. Se considera que son los árboles más antiguos de la ciudad.

Una rica mesa para las abejas
La robinia atrae las abejas con su dulce néctar, ya que contiene casi un 60 por ciento de azúcar.
Muchos apicultores se aprovechan de este hecho y siembran los árboles como pastos para las abejas. Sin embargo, no se sorprenda si no encuentra miel de robinia en el supermercado porque esta miel se comercializa bajo la denominación “miel de acacia”.


Inmigrantes de América
Las robinias proceden originariamente de América del Norte, sin embargo se han integrado perfectamente en nuestro paisaje y se sienten a gusto también en terrenos situados incluso hasta 1.600 metros de altura. Gracias a las bacterias que habitan en el suelo que rodea las raíces, la robinia fija el nitrógeno del aire y, por así decirlo, esto le permite fertilizarse por sí misma. De esto se benefician también otras plantas que habitan gustosamente debajo de su corona.

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